Mientras continuamos con
nuestra vida, día a día... Duele mucho lastimar a la
gente, y más cuando estamos nos involucrados. No siempre las cosas nos salen
de la mejor manera, cometemos errores, por más que sea uno pequeñito o una grande,
pero los cometemos, capaz intentamos reponer esos errores pero no siempre los reparamos de
tal manera que quedarían perfectos, siempre quedan sombras, manchas en ellos.
Carpe diem (vivir el momento)
lunes, 7 de mayo de 2012
Sonriendo
La
gente te dice que no te preocupes, que todo saldrá bien, pero eso es muy fácil
decirlo ¿Sabes? Las cosas nunca, se arreglan solas. Que el tiempo no
cura nada, simplemente hace que aprendas a vivir de la manera que te ha tocado.
Que cada día que te levantas es un día más, y tendrías que estar agradecida por
ello. Que las personas son una gran
parte en tu vida, si no las valoras, nunca te sabran valorar a tí, y que si las
pierdes no conseguirás ser feliz. Pero, ¿Sabes
qué? La vida es más
fácil si la afrontas sonriendo
viernes, 4 de mayo de 2012
miércoles, 2 de mayo de 2012
vos queres esa mirada y ninguna más.
Mírame, date vuelta y mírame, date vuelta y volve por favor. Y acá
estamos otra vez, logrando que alguien te mire. Cuando queres que alguien te
mire no importa ninguna otra mirada, vos queres esa mirada y ninguna más.
Pedimos a gritos desesperadamente que abran sus ojos y nos miren, que nos vean, que vean nuestro dolor y nos comprendan.
Hacemos enormes esfuerzos para no necesitar de nadie, para no necesitar de una mirada para existir. Pero somos esclavos de esa mirada, la necesitamos, como al aire. Hacemos cualquier cosa por atraer esa mirada, intentamos ponernos en el campo visual del otro, quisiéramos tener un reflector que nos ilumine, quisiéramos brillar para ser mirados.
Lo curioso es que los ojos que más nos obsesionan son los que no nos pueden mirar. Pero la mejor mirada no es la que se nos niega, sino esa mirada que no vemos, la que ignoramos distraídamente.
Pedimos a gritos desesperadamente que abran sus ojos y nos miren, que nos vean, que vean nuestro dolor y nos comprendan.
Hacemos enormes esfuerzos para no necesitar de nadie, para no necesitar de una mirada para existir. Pero somos esclavos de esa mirada, la necesitamos, como al aire. Hacemos cualquier cosa por atraer esa mirada, intentamos ponernos en el campo visual del otro, quisiéramos tener un reflector que nos ilumine, quisiéramos brillar para ser mirados.
Lo curioso es que los ojos que más nos obsesionan son los que no nos pueden mirar. Pero la mejor mirada no es la que se nos niega, sino esa mirada que no vemos, la que ignoramos distraídamente.
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